Hay una canción llamada “Everyday” que suena cuando uno se
adentra al calor de ciertas luces. Das un par de pasos y lo que parecía
cotidiano te transporta a una “Coney Island” suspendida en el espacio-tiempo, un
hueco en el subconsciente colectivo, es
la magia de las islas: la capacidad de ser una burbuja en la que refugiarse, un
anhelo, todas las Ítacas…
Esta isla se manifiesta para quien quiera verla, viene con
el calor y el polvo que lo tiñe todo de sepia luminoso, como si los objetos
hubieran criado una pelusa de melocotón.
Cuando las luces te tocan se produce el efecto “Nunca
Jamás”, la edad se olvida, el gris mental queda fuera, el tiempo se para
mientras que el cuerpo vuela en el aire, se posa de nuevo y se inunda la boca
con sabores olvidados.
Luego nos alejamos cansados y con los oídos zumbando,
notando una punzada de melancolía al volver la vista, preguntándonos si volveremos a encontrarlas el año siguiente,
si seremos capaces de reconocerlas cuando pasen a nuestro lado…
Helechos Hélène

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