martes, 26 de junio de 2012

Dicen que somos los pedazos de una estrella que estalló.






En Navidad coronábamos el árbol con una centelleante estrella de cristal que acaparaba todas las miradas, pero un día se hizo añicos al impactar contra el suelo. El hermoso fulgor quedó dividido entre una multitud de minúsculos trocitos y perdió toda su fuerza.

Mi madre barrió el parquet con ahínco tratando de recogerlos todos mientras mis hermanos sollozaban rogándole que los pegara. Ella dijo que no merecía la pena, que acabaríamos cortándonos, pero insistieron tanto que mi padre terminó contagiado y estuvo tres días concentrado en la reconstrucción de nuestra estrella.

La mañana del día de Reyes regresó al árbol.  Aún puedo recordar el regocijo que su resplandor me producía.

                                                                   
                                                                    Blanca Green


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